Cavatelli

100 posteos de La Instigadora
Queridos Instigados,

Éste es el posteo n°100 de este blog, que ya cumplió 3 años.
La Instigadora Culinaria me regaló gratificaciones de todo tipo y me plantea permanentemente nuevas “aventuras” y proyectos.
Allá voy. ¡Muchas gracias a todos!
Adriana

Cavatelli

a Lina y a San Jorge, en su díaIMG-20161009-WA0005
Napoli – Campobasso
treno-campobasso-roma-minuettoEl tren partió hace minutos desde Napoles.
Lo primero que siento es pena de alejarme del mar, por más que sepa que del otro lado me espera el otro mar. Pero no es lo mismo. Es que el Mar Tirreno es demasiado; ese azul no te suelta fácilmente.
La tierra va atenuando sus colores, sin extinguirse, pero perdiendo contrastes.
El relieve se empina y se eleva de golpe.
En cada una las grandes urbes de la Campania el tren va descargando el peso de su pasaje.

En territorio del Molise las poblaciones se esfuman y los tupidos bosques montanos se adueñan del espacio.
Sola, en un convoy del que parece haberse bajado hasta su maquinista y que sigue por una vía de trocha única como un autómata su derrotero, no tengo alternativa más que dejarme llevar a través de Apeninos, hasta las colinas suaves que me esperan al otro lado donde el bosque no fue deforestado por los agricultores labradores de esos terruños desde antes de la Antigüedad.

El tren por fin llega a la meta final, Campobasso.
De ahí en el auto de alguien (siempre hay alguien quien me viene a buscar), en 20 minutos más entramos a Petrella.
En medio del caserío, el auto sube la pendiente hasta el borgo storico.
Por si había alguna duda, quedan ahora todas despejadas.
Decididamente me encuentro en “otro lugar”.
¿Que todo el sur es sur? ¿Quién dijo eso? Alguien que no conoce el sur seguramente; hay infinitos sures como incontables nortes tiene il Settentrione.
Infinitas Italias es Italia.

La Chiesa di San Giorgiopetrella-tifernina-7Foto: http://www.francovalente.it/2009/04/23/i-misteri-di-s-giorgio-martire-a-petrella-tifernina/

Petrella está signada por su antigua iglesia románica consagrada a San Giorgio.Su gente está moldeada a imagen y semejanza de ese monumento inquietante, transmutados en su piedra blanca.
Las paredes, las columnas, capiteles, la cripta y el subsuelo la Iglesia de San Giorgio abundan en tallas en piedra cuya simbología y significados desvelan a quienes intentan interpretarlos.

Fotos: Daniel Ganum.

Arqueólogos, historiadores, estudiosos de arte, de fenómenos inexplicables y templarios llegan a Petrella magnetizados por el desafío de desentrañar los enigmas de la Alta Edad Media de los que “habla” ese templo.
Pero no es necesario conocer la historia, ni ser experto en arte.
No hace falta saber nada para ser absorto en ese hechizo.
Es suficiente atravesar su umbral en alguno de los casi todos los momentos en los que la iglesia se encuentra completamente vacía.
La presencia de esos muros tallados, de las intrigantes figuras esculpidas surte efecto inmediato y a niveles profundos y desconocidos.

Como parte de la estructura irregular de la basílica (irregularidad que también perturba a los estudiosos), no encontramos los elementos que tradicionalmente se espera ver en una iglesia cristiana. No hay Madonne, no hay cristos, no hay ángeles, o cruces (salvo 2 esbozos), ni siquiera santos, excepto la pequeña piedra donde está representado San Jorge venciendo al dragón, y que es nada menos que la representación gráfica más antigua de ese santo que se conoce en todo Occidente.

En cambio se ven bestiarios de animales fantásticos mezclados con otros domésticos, cabezas de negros africanos, sirenas lujuriosas con dos colas, seres deglutidos.

¿Es el Apocalipsis? ¿Son resabios del paganismo y de un cristianismo incipiente?
No lo sabemos, los longobardos, artífices del primer templo del siglo IX eran crípticos en el lenguaje figurativo, pero el mensaje debía ser entonces tan certero para un público analfabeto como lo es hoy para el espectador que por más que haya pasado por varios doctorados no podría  escapar a la perturbación y fascinación que infunde.
Las generaciones de Petrella no salen indemnes de ese influjo.
No es inocuo.
Es como si esos hijos a un nivel que trasciende la razón, ya conocieran sus secretos.
Parcos, austeros, severos, mesurados, taciturnos, reservados, a veces temerosos –otras muy audaces-, enigmáticos.
Poco importa que la parte nueva de Petrella se haya esmerado en ser más prosaica en su arquitectura, más alegre, más italiana. El sello altomedieval es demasiado pesado.
El dialecto mismo que lleva fuerte impronta partenopea tiene muy poco de napolitano en su ritmo,  intensidad, en tonalidad y en la cantidad de palabras emitidas por persona.

Ésta es mi teoría, no creo que sea compartida por nadie porque sobre todo ese substrato, la gente de Petrella está lejos de ser triste; es gente que sonríe, canta, baila, festeja cada evento con alegría y que, como mediterráneos que son, celebran la buena mesa.

Federico II di Svevia

Foto: Di I, Raffaespo, CC BY-SA 2.5

Mariantonietta me concede apenas el tiempo de desembarcar las valijas en casa.
Sabe que si no me apura no salgo más porque las paredes de esa casa (La Casa Instigadora) no me sueltan fácilmente.

Sin dejarme pensar ni dos segundos, me lleva de ahí a su casa donde su mamá nos espera con un plato de cavatelli recién amasados, servidos con estofado y un pan que sólo en el Molise se sigue viendo.

Sentada feliz frente a un plato de la tradición como éste, no puedo no preguntarme cuánto hace que este mismo manjar se come en este lugar?
¿Mis ancestros se nutrían de esto mismo que tengo servido en el plato?

Esa fue la pregunta clave que motivó este blog.
Y la respuesta que encuentro es un enorme SÍ.
Las generaciones de quienes alzaron esos muros de piedra y de quienes tallaron esos símbolos elaboraban muchos alimentos similares a los que hoy se siguen produciendo y consumiendo.

Federico de Hohenstaufen (1194-1259) fue Rey de Sicilia, Rey de los Romanos, Emperador del Sacro Imperio Romano en el S.XIII y amante de los cavatelli, pero esa pasta es mucho más antigua que Federico; se dice i cavatielli sean una de las más antiguas junto con las lasañas.
Se harían entonces con otras harinas, y desde ya que Federico murió sin saber ni imaginar qué es un sugo fatto con la salsa, porque los tomates llegaron muchos siglos más tarde, pero en esencia, i cavatelli que amasa mi mamá los amasaban su madre, su abuela, bisabuela, tatarabuela y así mil años para atrás.

Cavatelli
Para 2 porciones
330 gr de harina
1/2 litro de agua
3 cdas de aceite
DSC01157 CavatielliEn un bol colocar la harina, el aceite, si se quiere también una pizca de sal, y dentro el agua hirviente (1). Mezclar con cuchara de madera enérgicamente hasta obtener una masa homogénea.
Dejar reposar hasta que alcance temperatura ambiente.
Amasar bastoncitos, cortar como ñoquis y arrastrar cada uno con el dedo medio para ahuecarlo.

¿Quieren saber mejor cómo se hacen i cavatelli? O, dicho en dialecto, i cavetiell’?
Los dejo en manos de mi madre para que les cuente.
Es un video que tiene ya unos años y absolutamente casero, como la masa misma.
https://www.youtube.com/watch?v=4TC6wm54KNU

Se sirven generalmente con salsa de estofado. Mi mamá me dice que la especialidad era hacerlo con salsa de carne de cerdo (difìcilmente la publique porque cerdo y tomate juntos nunca me gustaron).

¡Gracias a todos!

(1) Acerca de la temperatura del agua, no todas están de acuerdo. Conocí en Petrella señoras que afirman que la alta temperatura endurece la masa.

Fuentes y links:
Franco Valente, Le Pietre Parlanti  http://www.francovalente.it/2015/07/03/franco-valente-le-pietre-parlanti-s-giorgio-di-petrella-tifernina-regia-edizioni-campobasso/

http://ricerca.repubblica.it/repubblica/archivio/repubblica/2009/03/04/banchetti-di-federico-ii-fra-cavatelli.html

https://it.wikipedia.org/wiki/Federico_II_di_Svevia

https://www.ibs.it/ricettari-di-federico-ii-dal-libro-anna-martellotti/e/9788822254429

Pallote cacio e uova

Petrella‘Los obstáculos son esas cosas espantosas que ves cuando te apartas de la meta’
Henry Ford

En cuanto supe que el precio aproximado de La Casa  era increíblemente accesible incluso para mí exigua disponibilidad, ahí me empecé a dar manija en forma acelerada; no podía parar mi cabeza ni mucho menos mi corazón.

La casa en cuestión era la mitad de la enorme antigua casona de mi bisabuelo en Petrella, donde nació mi madre. El pueblo se encuentra a 11.000 km de mi actual residencia, pero en el transcurso de mi vida fui siempre de tanto en tanto a ver a la parte de la familia que quedó de ese lado.

Para obtener la propiedad, había escollos que ya sabía tendría que sortear, y que en cualquier otro momento de mi vida habría esquivado, pero en esa ocasión en que la Casa se había impuesto como una meta, nada temía.

El cuco mayor era una probable resistencia por parte los dueños herederos (hermano y primo de mi madre respectivamente).
No era para mí cosa fácil encarar la cuestión. Entre ellos había cierta tirantez, fruto quizás de la forzada gestión estéril que muchas veces comporta una herencia compartida.
Del tema no se hablaba en la familia, o no se hablaba de frente.
Nadie sabía bien qué pasaba, pero la casa, incluso estando apta para quedarse en ella, al menos durante el verano, ya hacía años que no era usada por los tantos descendientes dispersos por el mundo (Roma, Lucca, Los Angeles, Londres, Buenos Aires…).
Nadie se animaba a pedirla prestada.

Cada vez que iba yo, la visitaba a hurtadillas, como una clandestina, porque se podía entrar desde la otra parte dividida de la misma casa, que da al frente y donde vive mi otro tío, Peppi.
En los últimos años había quedado sumida en el vacío, en la deshabitación y en la inexcusable depreciación de su belleza. Mi madre diría “cuál belleza?”, pero a mí cada vez me enamoró, aunque en ningún momento hasta ese entonces se me había cruzado por la mente la idea de hacerla mía.

Así las cosas, tenía ante todo que manifestar mi intenciones. Intenté escudarme en la mediación indulgente y parcial de Zio Peppi, el que vive adelante, pero se lavó las manos:
“esto tenés que hablarlo vos con ellos directamente”, me dijo tajante.
Sin embargo, mientras me decía eso mismo y mientras yo juntaba coraje, su ansiedad pudo más, adelantó a los otros tíos mi propósito y para su sorpresa y la mía, ambos dueños respondieron que estaban dispuestos a venderla.

La obvia realidad era que no veían la hora de sacársela de encima, porque por lo demás era invendible, cómo no se me había ocurrido antes?

Una vez llegada a Roma, en ese viaje relámpago salido de una galera, y días antes de ir hacia Petrella, la llamé por teléfono a mi tía, esposa del dueño, en cuya casa me alojaba cada vez que iba:

‘Zia, devi scusarmi, ma questa volta non mi fermerò a casa vostra. Voglio restare da Zio Peppi perché ho tanto da parlare con lui; anche se non ha posto, ci arrangeremo’.
‘Tía, te pido disculpas, pero esta vez no voy a parar en casa de ustedes. Quiero qudarme con Zio Peppi porque tengo tanto para hablar con él. Nos vamos a arreglar aunque él no tenga comodidades’.
Mentira, lo que quería era parar en lo del tío Peppi porque atrás de su casa estaba mi futura casa, y en definitiva era ahí donde dormiría, y ella lo sabía bien.

La respuesta fue un frío ‘ta vide tu, so cose tié’. Manejate, son cosas tuyas.
Primer trago amargo, pero no me iban a hacer desistir.

Llegué en tren a Campobasso, a 20 km de Petrella.
El tío propietario vino a buscarme. Me recibió como molesto, distante.
No me animé durante el trayecto a expresarle mi proyecto, que él ya conocía. Hablamos de nimiedades: cómo están todos por acá? Cómo anda tal y cual por allá?.. la nuestra es una familia partida al medio por el Océano, como millones de otras.

Me dejó en la puerta delantera de la Antigua Casa. Bajó mis valijas y sin entrar se fue.

Su desdén me importó poco, por no decir nada. Lo urgente era entrar a casa de Peppi, abrazarlo, y desde ahí pasar sin más protocolos a la casa de atrás: tenía que verla inmediatamente, tenía que saber qué sentía en ella, porque corría el riesgo de estar enamorada de una ilusión. Pero los interiores de las casas no mienten. Más allá de lo que exhiben sus apariencias, no tienen la capacidad de ser hipócritas. Revelan su abrazo, su agobio o su repulsión ni bien uno está dentro.
Ante esta certeza, temí por lo que la casa sentenciara ante mi presencia.
Corrí hacia su interior, Zio Peppi seguía mis pasos.
Una vez ahí no hubo dudas. Era ya mía, o yo de ella.
Todo lo demás iba a ser un simple trámite que ya estaba barajado en los planos invisibles del destino.

Salí envalentonada a reencontrar a mi tío-dueño a su casa. Había salido, estaba mi tía, su esposa. Tanto mejor.

‘Tía: yo querría, me gustaría… quiero comprarles la casa’.

‘… pero en qué te vas a meter? esa casa no es una inversión, es un dinero que nunca vas a recuperar. Te queda lejos: estás segura de lo que vas a hacer? Qué vas a hacer en este pueblo? Cuándo vas a venir a verla?’.

Sus palabras no carecían de lógica, ni de cariño. Eran sensatas.

Volví poco más tarde y encontré a mi tío. Se le había pasado el enojo y con afecto de tío, él también me dijo que era una locura. Le aseguré que no.

A la mañana siguiente fui a hablar con el otro dueño, su primo. De él recibí las mismas palabras de cuidado de tíos preocupados por una sobrina excéntrica que del otro lado del mundo llegaba para hacer una operación inmobiliaria descabellada, pero también estaba contento de que esa casa quedase en la familia, con alguien de su sangre, con quien la valorase.
Sus hijos, supe después, también habían fantaseado en algún momento con ella, pero pocos se quedan a vivir en Petrella, y de esos pocos, nadie elige vivir en el Borgo Storico. Lo ven incómodo, limitado en el confort; esas casas son estructuras antiquísimas y tortuosas que no responden a los cánones de funcionalidad modernos. Justamente todo eso es lo más fascinante que tiene la casa y no veo se riña con la comodidad, excepto por algunas limitaciones que no son otra cosa más que baluartes de su hermosura.

Bien.
Pero había mucho para hacer y pocos días disponibles.
Encontrar un escribano, buscar un perito que labrase un informe de categorización energética, buscar viejos documentos, certificar y pagar la propiedad con un dinero con el que contaba pero que no tenía tan fácilmente disponible…

Todos nos pusimos en marcha, sincronizados, para concretar la operación dentro de los escasos 20 días de mi estadía.

Con la consigna clara, tuvimos que ir a Campobasso repetidas veces sendos propietarios, mi tío Peppi (quien no quería quedar afuera) y yo.
El ambiente a bordo del Fiat Panda era pesado.
Los 20 km de viaje lento se hacían interminables, densos, de films infumable.

‘L’et’ cot’ aguliv’?’
‘Cosecharon la oliva?’
(silencio)
(silencio)
(curva)
(contracurva)
‘Non, eguann’ na c’gliem’, nen ghe bonae’
‘No, este año no la vamos a recolectar, no es buena’
(kilómetros)
(recta, curva, contracurva)
‘E no, n’n val’a pen’’
‘Y no, no vale la pena’
Fin de la conversación de todo el trayecto.

Llegamos, cumplimentamos con éxito el trámite previsto y encaramos el (largo) viaje de vuelta. Se hizo un poco más ameno, se habrán cruzado cuatro o cinco frases más. Yo me sentía nerviosamente  feliz.

Cuando las campanas dieron la una y media, llegamos al pueblo.
Mi tía nos esperaba sentada en el banco de plaza dispuesto frente a la puerta de su casa; el primo propietario la saludó y se fue.

En el comedor-cocina estaba dispuesta la mesa sencilla con mantel de algodón blanco, la pagnotta, una sopressata rebanada, el vino clarete, hecho por mi tío, y una jarra de agua.
Nos sentamos a comer.

Desde la olla, sobre el fuego, una espiral de humo nos envolvió con tal aroma a sopa que en un respiro disolvió todas las tensiones y presiones de esos días.
Como flotantes en el caldo dorado de cada plato que mi tía iba trayendo a la mesa, unas albóndigas redondas y amarillentas, i pellott’casci’e ov, me parecieron una aglomeración de emoticones sonrientes, aunque sin su estúpida vacuidad: éstos tenían vida, eran la promesa materializada de que todo iba a estar bien, o mejor dicho la afirmación plena que todo era perfecto en ese preciso momento.
La verdadera meta es el camino.

Pallotte cacio e uova
pellott’casc’e ov’
pelotas de queso y huevo
DSC06212Estas albóndigas tradicionales del Molise no tienen más que queso y huevo, a lo sumo un poco de perejil picado.
Se aprovechan restos de quesos varios, materia prima que en Italia es siempre excelente, abundante y accesible.
No hay chance de que salgan mal o que se abran durante la cocción. No fallan.

Ingredientes, para cuatro porciones
250 gr de queso rallado
2 huevos
perejil picado

Caldo (vegetal, o de carne, pero hecho en casa)

Hacer un empaste con el queso, los huevos y el perejil.
No salar; si se desea, agregar pimienta.
Cuando el caldo hierva, armar las pelotas del tamaño deseado y arrojar al caldo.
Cocinar durante algunos minutos; como no tiene harina, en poco tiempo ya están.

Parte del suero y de los aceites del queso se desprenden durante esa breve cocción confiriéndole al caldo una salinidad y casi imperceptible cremosidad deliciosas.

Servir en plato hondo el caldo y dentro de él algunas pelotas.
No abusar de la cantidad porque es queso estacionado puro, o sea unas mini bombas.
Eso que esta forma de hacerlo, propia del Molise, es suave: en Abbruzzo antes de colocar las bolas en el caldo las pasan por fritura.

También se usa servirlas con salsa de tomate o estofado, cual si fuesen ñoquis.

Salsa Scarparo, una que (no) sepamos todos

¿Quién no probó o escuchó alguna vez nombrar la Salsa Scarparo?
En Argentina, creo, muchos de quienes lean este blog.
En Italia no se consigue.
Es que la scarparo es bien argentina; lástima que nadie se ponga de acuerdo acerca de qué es y qué lleva.
La salsa scarparo, así, es una impostora que padece trastorno de personalidad múltiple causada por su crisis de identidad: no logré encontrar dos recetas que sean iguales.

Cuando me propuse averiguar en qué consiste, las respuestas que encontré fueron de lo más divergentes.
Tal es la disparidad que el único ingrediente en común que hallé en el universo de recetas recolectadas es el tomate.

Investigando, encontré el valioso testimonio del Sr. Leon Jaimovich, que comparto:

“Las primeras cantinas de La Boca y cerca del Abasto, en los ’60 pasaron a ser ‘finas’.
Por ejemplo, La Strega tenía una puerta con un ojo de pescado de como de un metro hecha por Polesello.
Sus dueños eran una familia con un tío que impuso la salsa que llamo scarparo, a este restaurant (con los años ahí se trasladó La Raya) y los que siguieron. La Scopa, La Cantina de David, Luigi (Villa Crespo) y otros impusieron una moda en la clase media de la época en la cual la salsa Scarparo era infaltable.
En fin, la original receta de la salsa scarparo tiene para mí origen incierto. En Italia no la vi, pero la versión que más me gusta es la de salsa de tomate mezclada con pesto de albahaca y queso de rallar”.

“La scarparo de La Strega era un filetto cortado con pesto de albahaca y sarteneado con un provolone bastante bueno. Antes, el tío, del cual no recuerdo su nombre, tuvo un restaurante en la calle Anchorena a media cuadra de la Av Córdoba en el cual ya se servía esta salsa. Un día me contó que su secreto del filetto era quemar el ajo en el aceite y usar ese aceite. Como esto ocurrió hace más de 40 años podía digerirlo bien. Hoy se los preparo a mis nietos sin quemar el ajo y uso unos fusillones italianos y les gusta mucho. No sé si esta salsa tiene nombre pero es fácil y no falla”.

Scarpariello
En la Nápoles profunda existe todavía un condimento que podría ser progenitor del nuestro: es el sugo scarpariello.

“Scarparo” en italiano significa zapatero; scarpariello sería zapaterito.

La salsa del zapaterito era en definitiva un aderezo para la pasta que hacía este trabajador a la hora del almuerzo con tomate y queso estacionado rallado que tenía en abundancia porque los campesinos muchas veces al no tener dinero para pagar el arreglo de sus zapatos maltrechos compensaban la labor con hormas o con provole.
Al tuco con queso lo refrescaba con un poco de albahaca o perejil y listo.

La receta original de scarpariello
scarpariello-napoletanoFoto: http://grandenapoli.it/lo-scarpariello/

Ésta es una fórmula entre varias para hacer scarpariello, porque pero no olvidemos que estas comidas se hacían y se hacen a ojo de buen cubero:
400 gr de fideos secos, preferentemente cortos
6oo gr de tomates pelados y en puré
1 diente de ajo
albahaca y/o perejil
peperoncino,
50 gr de queso pecorino,
80 gr de parmigiano reggiano o provolone
sal y aceite
(Nótese la proporción alta de queso con respecto al resto).

Rehogar el ajo y el peperoncino en la sartén.
Agregar los tomates y cocer a fuego vivo por 10 minutos. Apagar.

Hervir los fideos, bien al dente. Colar antes de que estén en su punto (la cocción concluye en la sartén en los tiempos modernos) y reservar siempre un poco del agua de cocción que puede ser providencial a la hora de diluir una salsa demasiado seca.

Verter la pasta en la sartén donde tenemos los tomates, con la llama otra vez encendida y viva.

Mientras agregamos a modos de lluvia y por capas:  el perejil y albahaca picados y –clave- abundante queso rallado, tanto parmesano como pecorino -ideal si tenemos mitad y mitad-. Alternando estas lluvias seguimos mezclando. Si queda muy espeso, diluir con poquita agua de la cocción.

Rematar con hojas de albahaca fresca al servir.

También hay quienes agregan strutto, grasa de cerdo, o en su falta también manteca. Esto se hacía más en el pasado que en la actualidad.
Esta pasta se hacía los días lunes y se usaban los restos del estofado del domingo para sumar al resto.

De scarpariello a scarparo
Algunos inmigrantes campanos deben haber desembarcado la scarpariello a nuestras costas y  poco a poco se fue metamorfoseando en una variedad local, o mejor dicho, en incontables variedades locales.
Mi teoría es que en el camino fue ocurriendo algo así:

– Los quesos fueron sustituidos por crema de leche, creo en parte por una cuestión de costos, pero también por un gusto local ochentoso, cuando cundió una moda que le agregaba crema de leche a cualquier cosa.

– El ajo dejó de rehogarse, aumentó en cantidad y se fusionó con la albahaca transformándose en algunos casos directamente en pesto, y en otros se picaba junto con el perejil y se añadía como provenzal, de manera que scarparo vendría a ser tomate+crema+pesto (y un pesto con mucho ajo, como gusta  acá), o tomate+provenzal, o tomate+crema+provenzal (o +pesto).

– o bien, quedó el ajo rehogado y en vez de albahaca, entró en escena y con peso pesado la cebolla de verdeo.

– En muchos restaurantes aparecen 2 ingredientes ausentes en la receta original: panceta y jamón cocido, a veces uno u otro y otras los dos juntos.
(como estas recetas tradicionales sufren variaciones de casa en casa, es posible que los napolitanos que las trajeron, agregasen panceta -aunque lo dude- o, según escuché y me parece más factible, le ponían estofado (parece ser que la scarpariello se hacía los lunes y se agregaban los restos de ragout del domingo).

– Otra variante es el agregado de mozzarella; así la hacía mi abuela calabresa. No me había enterado hasta ahora que esa pasta que comía cuando era chica era una scarpariello, pero mi abuelo también era scarparo.

Modelo para armar: inventá tu scarparo personal
No son pocos los líos que se originan en los restaurantes cuando uno pide confiado la scarparo que tiene en mente y le traen otra totalmente diferente. Que se hace así, que se hace asá…
“Acá la hacemos con tomate, provenzal, ají molido y queso rallado, como se hacía antes; no con panceta, jamón y todas esas cosas que le ponen ahora”, me dijeron en Rondinella, cantina porteña años ‘90 de la Avenida Alvarez Thomas, situada justo frente al Mercado de Pulgas.

De un universo de 20 recetas recolectadas surgió este gráfico en el que el único componente común a todas es el tomate:
cuadro

Si tomamos estos datos, la scarparo más popular  tendría que tener:
SALSA DE TOMATE – ALBAHACA–AJO – CREMA DEL LECHE

Habría que ver si usamos el ajo cocido y agregamos albahaca al final, o si tomamos el ajo en crudo junto con la albahaca a modo de pesto. En el 40% de los casos se menciona “pesto” y no ajo y albahaca por separado.

Y la panceta?  va o no va?
y la cebolla de verdeo qué tendrá que ver con la albahaca?

En el link siguiente tenemos una salsa preparada por la cocinera Anna Olson  que elgourmet.com tradujo como scarparo:

scarparo
SCARPARO http://elgourmet.com/receta/salsa-scarparo

Si estas combinaciones varias tan amadas por el público argentino no pueden llevar el apellido scarparo, qué hacemos con ellas? ¿No merecerían tener también ellas algún nombre?

Quedan estos interrogantes abiertos para que el debate y la investigación continúen.

Fusilli, chauchas, papas y albahaca

dsc05653Me hacía falta albahaca para rematar la pasta que iba a preparar para el almuerzo y fui hasta el fondo de la calle para procurármelo fresco. Ahí nomás, al borde del caminito sinuoso, crecen unas albahacas silvestres, que nadie ve porque a nadie se le ocurre pasar por ahí y que ni yo habría visto si no las hubiese delatado su perfume.

Con unas cuantas ramitas fragantes en mano, volvía satisfecha calle arriba.
Ya sobre Via Cavour, llegando a casa, pasé como de costumbre delante de la casa señorial abandonada.
En ese momento, quién sabe por qué, mis ojos se posaron sobre su portón.

Era ya la hora del almuerzo y no había un alma en la calle.
La rendija sin llave en la madera derruida del portón me atrajo hacia ella.
Acercándome, como un imán, cerré mi ojo izquierdo y apoyé en la hendidura el derecho, bien abierto.
Mi vista se estrelló contra la oscuridad más profunda y desde ese abismo negro una bocanada, un aliento sin tiempo resopló dejándome la retina seca.
En un único acto me sujetó, en un solo instante me gritó la vida de los siglos y al mismo tiempo me expulsó hacia atrás con tal ímpetu que el rayo de sol cegador del mediodía, como una bofetada borró a la velocidad de la luz todo detalle de ese minucioso relato, salvo la conciencia de saber que supe.

Quedé inmóvil por algún instante, que me pareció muchísimo tiempo, y seguí mi camino.

Llegué a casa apurada, ya esperaban el almuerzo.
Olvidé lo ocurrido y me puse a cocinar, pero lo recordé en cuanto volví a salir de casa y a pasar por ahí.
Y desde entonces, cada vez quiero y no puedo volver a posar mi ojo en esa cerradura, no distingo si es temor a que se repita la experiencia, o el miedo mayor a que la próxima vez no me pase nada y que el desencanto me obligue a descreer esto mismo que estoy relatando.

Fusilli con chauchas, papas y pesto de albahaca
fusilli-chauchas-pesto-4Las hojitas aromáticas las necesitaba para esta receta de origen ligur muy fácil de hacer y riquísima.

En Liguria se hacen las trofie de este modo, pero como trofie no tenía, usé fusilli secos.

Para 2 personas

200 gr de fusilli
2 dientes de ajo
Peperoncino a gusto
300 gr de chauchas
1 papa mediana
4 cucharadas de pesto de albahaca u hojas de albahaca partidas a mano
Aceite de oliva
Sal y pimienta
Queso rallado

Lavar y limpiar las chauchas cortándoles el cabo y si tuviese, también eliminar el filamento lateral que si es duro después es molesto a la hora de comer.
Cortarlas del tamaño de los fusilli.

En una sartén, llevar los 2 dientes de ajo cortados en 4 partes y el toque de peperoncino. Saltear y agregar las chauchas y la papa cortada en daditos. Salar.
Rehogar brevemente también estos ingredientes. Agregar un poco de agua y cocinar los vegetales así, con poco agua, durante unos 15’ minutos hasta que estén tiernos.

Hervir los fideos AL DENTE, reservar un poco del agua de cocción.

Colar y volcar en la sartén donde aguardan los vegetales bien calientes.
Para que no se seque, agregar un poco de agua de cocción, sartenear durante un minuto. Apagar el fuego, agregar el pesto (o las hojitas) y queso rallado, mezclar delicadamente y bien y servir.

Llevar a la mesa la quesera para quien quiera reforzar la dosis.
Muy importante que el pesto o las hojas de albahaca cortadas a mano sean agregadas recién al final, porque la albahaca tiene que quedar cruda.
Cocida pierde su riqueza y se pone amarga.

Nubes de Ricotta

Cielos de la Patagonia
5-mariano-srurFoto: Mariano Srur

Alguien que haya visitado la estepa santacruceña reparó en la belleza de sus cielos?
Quise buscar esas imágenes en Google, bastó tipear “cielo estepa Patagonia” para que se abrieran estas imágenes. Todas pertenecen a Mariano Srur. Entré a su página y me deslumbré ante sus fotos: sus ojos de artista supieron captar la magia que por fugaces instantes las nubes imprimen en los cielos patagónicos.
Nube iluminada, nube a oscuras
Foto: Mariano Srur
Basta alejarse un poco de El Calafate, donde la meseta es abierta, para asombrarse ante un cielo que en esas latitudes es un paisaje en sí mismo.
Ahí, en el sur de la Patagonia, el continente se estiliza hasta convertirse en una cuña que débilmente se estrecha perdiéndose entre el Océano Pacífico y el Atlántico. Los dos batallan en el tumultuoso Pasaje de Drake y finalmente ambos abandonan sus seres ante ese pacto de paz helado que es la Antártida.
En esa lengua de Patagonia perdida y valiente entre océanos bravíos, la columna vertebral de los Andes decrece en su poderío y altivez y se rebaja gradualmente dando lugar a los Campos de Hielo del Norte y del Sur, que preludian los hielos polares.
3-mariano-srurFoto: Mariano Srur
Un poco más al este, en medio de las tierras áridas de la estepa surpatagónica se aprehende el sentido de la palabra inconmensurabilidad.
Todo es vastedad, extremidad y despojo en la estepa.
Y por sobre esa inmensidad, que no es chatura, sino un montón de paisajes en el paisaje, se abre el universo de los cielos.
Los vientos del Pacífico abandonan todo resto de humedad en la cordillera y cruzan a los del este llegan salinos. Así, violentos, como Colosos, esfuman, despeinar, desgarrar nubes con las formas más desconcertantes. Se adivinan arabescos, zepelines, réplicas de las ovejas que pastan a sus pies. El viento incesante dibuja, moldea y traza espectáculos efímeros sólo  para  uno pocos privilegiados o quizás para nadie.
6-mariano-srurY es una pena infinita que dure sólo lo que consienta la velocidad desaforada de los vientos o una alteración mínima de la luz del sol, o la caída del manto de la noche que como un telón silenciará esa obra que ya será totalmente otra al amanecer siguiente.
Si es verano, la latitud regala muchas horas diarias para la contemplación porque amanece muy temprano y la puesta del sol es bien tarde.

Las nubes de ricotta
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Y ahora, de tan alto, os bajo de un hondazo a lo profano de esta receta que me inspiró el recuerdo de esas nubes y de los rebaños de ovejas de la Patagonia, pero si leen con apetito, quizás me tiendan un manto de piedad y hasta quieran replicar este cándido (pero rico) homenaje a la Naturaleza.

¿Vendrían a ser malfatti? albóndigas? polpettine? ñoquis? Podría recibir cualquiera de esas denominaciones; en el dialecto de mi madre las llamarían pellott’, que en italiano es pallotte y en español simplemente pelotas.

Receta para 4 personas
Compré un kilo de ricotta fresca en la feria.
La puse en un bol y agregué:
2 huevos
½ taza de pan rallado
1 taza de queso rallado
3 cucharadas repletas, con montañita, de Maizena

Todos estos ingredientes aportan la consistencia indispensable para que las bolitas resistan el hervor sin desintegrarse, pero deben permanecer en un equilibrio tal que en la boca predomine la suavidad de la ricotta y no se sienta el peso de la harina o la dureza que asegura el huevo. 

Sólo con la experiencia y ensayo y error uno le encuentra la mano y el resultado delicado.
Si la ricotta tiene líquido, hay que dejarla escurrir antes; a mayor humedad será más complicado dar firmeza a los ñoquis.

Se mezclan bien todos los ingredientes, primero con la ayuda de un tenedor, pero después hay que echar mano a la masa para amalgamar e ir palpando con las propias yemas de los dedos la consistencia y eventualmente desgranar todo escollo de ricotta que haya quedado apelmazado, acto sumamente placentero para quienes amamos ensuciarnos las manos cuando cocinamos.
No hace falta salar por la abundancia de queso rallado, pero un toque de pimienta le va a dar carácter.
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Una vez empastado, se puede probar estabilidad poniendo a hervir en una jarrita un poco de agua y cocinando una pelotita como prueba: si no se deshace, todo bien. Si en cambio se “spellott’”, literalmente “si se despelota” se necesita endurecer añadiendo más harina, huevo, queso y o pan. Lo más simple es ir con más harina, pero cuidado que no vayan a quedar unos masacotes-cascotes.

(Mientras fui a buscar la cámara, mi mamá, Lina,  me sacó el lugar y se puso a hacerlos ella).

Cuando tenemos el punto justo, armamos las bolitas.

Para que sea más fácil manipularlas, conviene mantener las manos humedecidas con agua.
noquis-de-ricotta-fritos-10Las hervimos en abundante agua hirviente: están listas cuando desde las profundidades de la olla se liberan subiendo hasta la superficie.

Si tienen mucha harina, dejarlas hervir unos 10’ incluso cuando estén flotando para que cuezan bien.
A veces al caer al fondo se quedan pegados, en ese caso hay que desprenderlas con una cuchara de madera y con mucho cuidado para no romperlas.
Se van retirando con espumadera o colador manual.
noquis-de-ricotta-fritos-14Una vez coladas, se llevan a una sartén con abundante manteca para que se doren.
Se pueden comer así, tal vez agregando a la manteca unas hojas de salvia, o una nevada de queso rallado.
noquis-de-ricotta-fritos-15o si no se pueden ahogar en un buen estofado  o en la salsa que se les ocurra.
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Si todavía no conocen los Glaciares: no lo duden, VAYAN, y resérvense un tiempo para inclinarse ante tanta belleza menos manifiesta y extraordinaria que esconde la Estepa.

Fotos:
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No se pierdan este video:
Nubes bajando del Campo de hielo Patagónico Sur

Mariano Srur, Es una gala para mi blog exhibir tus fotos, muchas gracias!

 

Pasta e fave

Pasta e fave.JPGNo es cuestión de decir voy y vengo a comprar a un poco de pan. En Petrella esa simple operación ejecutable a escasos 200 metros escaleras abajo de casa puede llevar una hora o, quién sabe cuánto más. Con suerte uno se cruza con 5 o 6 personas desconocidas, basta un buon giorno o buona sera y se sigue de largo, pero a medida que te volvés conocido en la comunidad, es preciso detenerse, saludarse, intercambiar unas palabras y casi siempre ser sometido a indagatoria, “cuándo volviste?, cúanto te quedás?, cómo está la familia…”, “Ganne nu mumend e’tuoll’u kefé”, veníte un rato a tomar un café.

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Mercado del viernes de Petrella (Foto: Daniel Ganum)

Ahora, supongamos que venís de vacaciones y te alquilás una casa como un imperfecto forastero (para ser perfecto foráneo habría que llegar de incógnito, caer de la nada, pero desde el momento del convenio del alquiler, ya algún lugareño necesariamente sabrá de tu presencia). Presumamos que salís con tu bolsita a comprar provisiones. Ahí sí, nadie te va a detener, pero en esos 15 minutos o media hora del ida y vuelta, todos los ojos se posarán sobre vos.

“ ¿Quién es éste/a?” Y lo más probable es que en tus propias narices murmuren las conjeturas más ocurrentes acerca de tu origen y filiación. “Vino de América”, “No, vino de la Argentina” (no, Argentina no pertenece a América en ese imaginario popular).
Quizás alguien haya oído algo acerca de tu locatador y de ahí deduzca:
“Este se alquiló la casa de aquél, se vino por 15 días. Vino con la esposa; los hijos no quisieron venir”
“Yo sé que vino con la amante, la esposa quedó en la casa con los hijos”
“Pero quienes son sus parientes?”
“No, no tiene parientes”
“Y entonces cómo vino a parar ACÁ?”.

Te volvés a tu refugio con una pagnotta, una ventricina affettata, ricotta tibia, recién elaborada, un kilo de habas de estación y el peso de 99 ojos interrogadores encima (50 almas, menos el ojo de un tuerto).
Ahh pero el halo de misterio que dejás a tus espaldas es lo que vale. A medida que pasan los días, ocasionalmente vas trabando vínculos: con el quesero, con el de la fiambrería, con la panadera, con el barman, con los vagos que sin más que hacer se la pasan en la plaza, y en 10 días sos uno más.

Aunque se haya hecho tarde, en Petrella en menos de una hora podemos tener nuestra pasta con habas servida en la mesa. Eso no sería posible en Buenos Aires:

Las habas que consigo en Buenos Aires me obligan a pelarlas, y no me refiero al hecho de que deban ser extraídas de la vaina, sino que es preciso tomarlas una por una y eliminar la membrana externa con un cuchillo, caso contrario no estarán cocida ni tras 2 horas de hervor.

Para facilitar un poco la tarea, lo que hago es tomar el haba y cortarla transversalmente con el cuchillo. Una vez partida al medio, la cutícula se extrae mejor.

En Italia ese paso no es necesario, se pueden comer directamente crudas, aderezadas sólo con un poco de sal o acompañadas con mortadela o salame.

Las habas, como las zanahorias, las papas, chauchas, tomates, zapallos y la verdura y fruta que se les ocurran, no son las mismas allá que donde vivo, en Buenos Aires. La diferencia es cualitativa.
En Italia, y sobre todo en los pequeños pueblos, se sigue produciendo en función de calidad, mientras que los insumos que llegan a Buenos Aires se conciben en función del rendimiento.
¿Hay una variedad de papa resistente a los bichos y de rápido crecimiento? Adelante, a producir ésa, que da dinero; no importa que después sea medio amarga y áspera. Eso comemos.

Pasta e fave
Acá o allá, yo las hago como me enseñó mi mamá, con pasta corta.

En este videíto, ella misma lo explica.

Si estamos en Argentina, pelar las habas.(Si estamos en Italia, basta con desenvainarlas.

Rehogar una cebolla picada junto con un ajo, también picado o partido en 2 para después retirarlo).
Dentro echar las habas, rehogar también, salar, y si es necesario agregar agua caliente hasta que estén cocidas (de 15’ a 20’).

Mientras tanto, hervir la pasta, y cuando esté casi al dente, mezclar en la cacerola con la verdura y sartenear un par de minutos hasta que los fideos obtengan su punto.
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Las habas son perfectas compañeras de embutidos: prueben cocinarlas con un choricito o con panceta o con salame, incluso para esta misma pasta.

Y como le decía hace unos días a mis amigas, mientras pelo habas me encanta escuchar a canciones de Abba

 

Pasta ca muddica

A Gregorio, en el día de su 86° cumpleaños, donde quiera que estés

Y cuando te das cuenta de que un pan viejo y rallado puede rebozar mucho más que una resabida milanesa, todo tu repertorio y universo culinarios pueden cambiar.
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Foto: www.casavacanzainsicilia.com 
En el sur de Italia son muy comunes lo que en el dialecto molisano se llaman raghenati. Raghenatoquiere decir “oreganato”, gratinado con orégano. Pero la esencia del oreganato no es esa hierba, sino el pan rallado:
Así como se usan los huevos para aglutinar diferentes ingredientes en una tortilla, de forma parecida se usa el pan rallado como amalgama de otros alimentos.
No sé si es claro el concepto,  ya en algún momento presenté alguna preparación de este tipo (véase:Bacalao )  y mi idea es profundizar esta usanza en futuros posteos.

PASTA CON LA MOLLICA
= PASTA + PAN
El pan, viejo, seco, rallado, tostado en una sartén, bien emulsionado en aceite de oliva, siempre aromatizado con ajo, y acompañado o con anchoas o con panceta, se convierte en un condimento rápido, sencillo y de carácter para una pasta.
¿Se les hubiese ocurrido alguna vez?
Para los sicilianos, este plato es de todos los días. En dialecto se llama pasta ca muddica, en italiano sería pasta con la mollica y en nuestro idioma: fideos con pan rallado.

Receta para 2 personas
200 gramos de spaghetti u otros fideos largos. Que sean de buena estirpe.
3 dientes de ajo
5 filetes de anchoas en aceite
aceite de oliva
peperoncino a gusto
pan rallado, 2 puñados. Atención: el pan debe  uno bueno y rallado en casa y en el momento. Se ruega no deshonrar la receta usando un paquete de pan rallado de supermercado. Por supuesto que nadie será testigo de lo que cada cual vaya a hacer: que sus paladares sean sus propios jueces y que nadie diga que este plato no le gustó si no la hizo con ingredientes de calidad, porque un pan mediocre y un fideo trucho y mal cocido darán como resultado un masacote.

Ponemos a hervir el agua donde herviremos los fideos. El aderezo se preparará en paralelo, mientras hierve el agua y los fideos. No hace falta hacerlo antes.

En una sartén grande colocamos muy poco aceite (la sartén debe ser grande porque en ella finalizaremos la cocción de la pasta).
Allí colocamos el pan rallado removiendo con cuchara de madera, sobre fuego bajo, hasta que se tueste homogéneamente. El pan no debe quemarse: debe quedar bronceado. En siciliano dicen atturrare lu pani, es decir: torrar el pan.
Reservamos el pan, limpiamos la sartén con un papel y en la misma echamos un poco más de aceite de oliva. Cuando se caliente agregamos los dientes de ajo enteros, un toque de peperoncino y los filetes de anchoa.
Revolvemos con cuchara de madera hasta que los ajos estén dorados (no quemados) y las anchoas disueltas e integradas al aceite. Para ayudar a la emulsión, agregaremos de a poco muy poca agua de la cocción de los fideos, con cuidado, no vaya a ser cosa que nos quede aguado.
Echamos a la sartén los fideos cuando aún no estén bien cocidos. Completaremos los últimos minutos de cocción allí, agregando, siempre de a poco, agua de cocción, hasta que el punto esté al dente. No debe quedar demasiado caldoso ni seco, sino una pasta bien integrada con los jugos y húmeda porque al apagar el fuego remataremos añadiendo el pan tostado mezclando bien.
También podemos darle un toque de queso rallado. En Sicilia, según donde estemos, se usarán distintos quesos: de oveja, caciocavallo u otros.

A partir de esta receta base, en Sicilia existen variantes: hay quienes a la salsa le agregan tomates. Otros sustituyen las anchoas por panceta. También se utilizan aceitunas y alcaparras…  si pasta+pane les gusta, éste es un camino de ida para probar muchísimas combinaciones.

Matriciana

amatr-kKrC-U4322015405827401G-620x385@Cucina-WebHoy y mañana, 27 y 28 de agosto, debía llevarse a cabo en Amatrice, Rieti, la 50ºedición de la Sagra degli Spaghetti all’Amatriciana, la fiesta pueblerina dedicada a este plato famoso en todo el mundo.
El terremoto del 24 de agosto lo devastó todo y ya nada volverá a ser como fue.
El sindaco de Amatrice lo dijo en un grito de dolor: “Amatrice non esiste più”.
Pero Amatrice sigue siendo, aún en sus ruinas, en sus sobrevivientes que sólo Dios sabe cómo seguirán adelante, en el dolor por sus seres queridos que partieron, en el coraje a toda prueba de los socorristas y en la voluntad de empezar de nuevo.
Ojalá los gobiernos destinen los fondos para la reconstrucción y no suceda lo mismo que con L’Aquila, que tras el terrible sismo  del 2009 sufrieron el robo del dinero asignado a obras.
Una de las sobrevivientes del también afectado pueblo Accumoli fue elocuente:
“que nadie coma sobre nuestras desgracias”.

A un blogger, Paolo Campana, se le ocurrió una idea genial: que los restaurantes ofrezcan pasta all’amatriciana agregando 2 euros al precio para ser donados.No sé si todos los restauradores cumplirán con el cometido, pero algo va a llegar y me parece además un honrado homenaje a ese pueblo que su plato insignia se difunda en el mundo.

www.matriciana.com

Esta extraordinaria página web, escrita sin dudas por un hijo de Amatrice, revela los secretos íntimos de un plato delicioso, nos inyecta inmediatas ganas de saborearlo, y al mismo tiempo nos frustra, ya que la moraleja es: para hacer la pasta all’amatriciana como se debe: il guanciale debe ser de Amatrice, el queso pecorino también debe ser de Amatrice, los tomates no pueden ser cualesquiera, y a lo sumo, como premio consuelo, los spaghetti De Cecco los podremos tener a mano en algún Jumbo transoceánico.
Pero a no dejarse condicionar, a sustituir como se pueda -buscando siempre reemplazantes de calidad- y a probar algo que tenga reminiscencias al menos del original: también fuera de Italia los restaurantes pueden poner en marcha esta iniciativa solidaria y donar 2 euros, en agradecimiento a un legado tan precioso.

¿Amatriciana o Matriciana?
El artículo explica que el gentilicio de los habitantes de Amatrice era matriciani, y por eso la pasta tendría que ser a la matriciana, pero hoy se la conoce más como all’amatriciana.

¿Qué lleva?
Según la página web, para 4 personas:
Spaghetti secos; no bucatini, ni ningún otro tipo de pasta. Se recomienda De Cecco n°12
250 gramos de guanciale de Amatrice
500 gramos de tomates frescos tipo casalino rosso bien maduros o en lata, pero deben ser Graziella o San Marzano
150 gramos de queso pecorino de Amatrice. El pecorino romano no es lo mismo. Ni hablar de un pecorino de otros lugares. Así de estricta es la tradición.
1 cucharada de grasa de cerdo. No usar aceite, ya que su acidez alteraría el sabor
1 peperoncino rojo, no demasiado picante
1 puñado de sal gruesa para hervir los spaghetti

¿Pancetta o guanciale?
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Foto: www.matriciana.com
En Argentina no distinguimos pancetta de guanciale. Acá, si no me equivoco, todo vendría a ser englobado como tocino, es decir grasa porcina entreverada de carne.
La clave está en los nombres: pancetta es pancita, y por lo tanto es la grasa de esa parte del animal, mientras que guancia es mejilla y guanciale todo lo que lo rodea, entonces se refiere a la grasa de la papada.
Para un buen entendedor ambas cosas no son lo mismo, ya que la panceta es más salada, el guanciale es más delicado y “perfumado” según el autor del artículo.
Tanto l’amatriciana como la carbonara exigen tocino de papada para la correcta ejecución de la receta.
Ahora, cuando vamos a la carnicería o a la fiambrería y pido panceta, el vendedor sabe lo que nos está vendiendo? Tal vez él sí, pero la mayoría de nosotros no.

Receta antiquísima
Podemos suponer que este plato se preparaba desde mucho antes de que se conocieran los spaghetti y desde ya antes de que tardíamente a Europa llegasen los tomates: guanciale, pecorino, grasa de cerdo y pasta eran alimentos básicos de las antiguas poblaciones.
La versión original de la pasta sin tomate subsiste y es lo que se conoce como pasta alla gricia, pero tiene muchos menos adeptos que la matriciana.

Preparación 
Fotos estupendas del paso a paso se pueden encontrar en www.matriciana.com 
(Traducción del texto en la página web)

“Corten las fetas de guanciale de Amatrice en tiras largas, uniformes y del mismo espesor (evitar cortar el guanciale en cubitos, se corre el riesgo de endurecer las partes magras).
Pelen los tomatitos casalini hirviéndolos antes en agua para pelarlos y quitar la parte central y las semillas, coloquen en un recipiente los tomates en trozos junto con su jugo.
Corten el queso pecorino de Amatrice, insisto en no usar el pecorino romano, de gusto fuerte y salado.
Colocar una cucharada de grasa de cerdo en la sartén de hierro de modo que se cubra completamente el fondo y hacer calentar a fuego vivo.
Agregar el peperoncino y las tiras de guanciale girándolas inmediatamente con una cuchara de madera (usar rigurosamente sartén de hierro para no alterar el sabor del tuco).
Bajen el fuego y hagan dorar el guanciale por un par de minutos, hasta que haya alcanzado el preciso color amarillo dorado (Atención, aquí hay que acertar el momento determinante que podría signar el fin del tostado y el inicio de una posible quemadura del guanciale. Por lo tanto, atención, saber ver este momento es uno de los secretos de la amatriciana, que no se enseña, sino que se adquiere con la experiencia antigua de los pastores matricianos. Si se pierde el momento mágico, la matriciana quedará comprometida, tendremos o un guanciale hervido o un un guanciale quemado).
Detener el dorado agregando el tomate ya procesado en la sartén de hierro.
Dejar cocinar el tuco por alrededor de 10 minutos, dándolo vuelta de tanto en tanto, hasta que alcance el grado justo de densidad y fluidez.
Cuando la cocción esté lista, quitar el peperoncino y mientras tanto colar los spaghetti al dente que se habrán puesto a cocinar antes.
Volcar los spaghetti en la sartén de hierro y saltar, agregando, un poco por vez, el pecorino rallado. Emplatar los spaghetti alla amatriciana agregando en superficie un poco de pecorino y servir calientes”.

Para donaciones:
Cruz Roja italiana: Iban IT40F0623003204000030 631681
bandieraa-lutto460El mundo hoy con ustedes:
Amatrice, Accumoli, Pescara del Tronto y Arquata del Tronto

Pasta, broccoli e patate

pasta e broccoli (1)En algunas regiones de Italia, y sobre todo en el sur, existe una forma de combinar las pastas que nunca hizo mella en Argentina. Es la dupla PASTA + PAPAS.

¿Alguien se ve sorprendido por esta conjunción? ¿Hidratos con hidratos es comida de tontos?
Les aseguro que no, que hidrato de carbono+hidrato de carbono tiene mucha más coherencia que, por ejemplo, una crema de leche agregada de prepo a un plato de tagliolini neri ai frutti di mare.
Doy fe que la papa a las pastas le va y cómo.

En mi casa, pasta e patate se cocinaron siempre y en distintas formas:
pasta, patate e fagioli     fideos + papas + porotos
pasta, patate e fagiolini pasta + papas + chauchas
sopa de fideos, papas y tomates… y muchas otras variedades…

Pero mi preferida es PASTA, BROCCOLI E PATATE, un plato tan simple, pero aún así guarda secretos.

A mí me gusta hacerlos con bucatini (foratini) porque me encanta que el agua de cocción que va al plato se cuele en esos agujeritos.

Para 2 personas

200 gr de bucatini
1 brócoli chico o mediano
1 papa grande

Separar los “arbolitos” del brócoli. Las hojas se descartan y el tronco, si se pela y priva de su parte más fibrosa, puede rescatarse el núcleo y hervirlo con el resto.

Pelar las papas y trozarlas de forma rústica para que liberen mejor el almidón durante la cocción.

Colocar los brócolis y las papas en una olla con abundante agua (en esa agua se hervirán los fideos) y llevar al fuego. Cuando rompe hervor, salar el agua con sal gruesa.
Tienen que hervir durante unos 20 minutos; las papas tienen que estar muy bien cocidas y los brócolis pasados de punto. Si a usted le gustan los brócolis al dente, sáquelos antes pero dejando algunos tronquitos porque será el vegetal recocido el que dé el gusto al agua y a los fideos.
No es lo mismo hervir la pasta en el agua que capturó la esencia de las verduras que sin ella.

Recién a los 20’, agregar los fideos al hervor. Para esta versión, yo corto los bucatini en 3.
Dejar cocinar por el tiempo que indique el paquete y colar cuidando de preservar una partercita del agua hervida.
Si la pasta quedó muy seca, agregar un poco del agua de cocción para emulsionar.
Una vez colado el todo, agregar aceite de oliva de buena calidad en crudo.
Emplatar y llevar la quesera a la mesa que cada cual la deje llover sobre su plato a piacere.
Y nada más.

Gnocchi alla Romana

Gnocchi alla RomanaGli gnocchi alla romana son unos discos de polenta gratinados al horno que en lugar de llevar harina de maíz se hacen con sémola de trigo (con semolín, en realidad). Ésta es la síntesis del plato.
Dicho así parece sencillo, y no es que sea difícil hacerlos, pero tienen sus vueltas.

Los gnocchi alla romana son, como leí en algún sitio web, una rareza en el Lazio. Las comidas romanas son eminentemente fuertes, de gran carácter: pasta alla carbonara, all’amatriciana, alla gricia, zucca e salsiccia, abbacchio, porchetta…
Este plato, en contraste, es tan delicado que podría suponerse fuese una creación del Piemonte, pero no, es bien lacial.

Ingredientes
Para 4 porciones medianas (si son de buen comer, hagan mayor cantidad)

250 gr de semolín de trigo
1 litro de leche <– que puede reemplazarse por agua o aligerarse con agua. Yo uso leche descremada
2 yemas (optativo)
Manteca 80 gr
Queso rallado, 3 cucharadas para la masa y luego a gusto para el gratinado
Sal, pimienta, nuez moscada

Nótese que se usa una proporción de 4 partes de líquido por una de harina, una relación que en una polenta equivaldría a una preparación bastante líquida.
Por el contrario, 4 a 1 en este caso nos va a dar una composición densa, semejante a un engrudo (los más jóvenes ni deben saber qué es un engrudo:  un empaste difícil de revolver con la cuchara de madera por la resistencia que opone).

Lo primero es calentar la leche.
Cuando esté por hervir, salar a gusto y agregar el semolín a modo de lluvia. Hoy cuando lo hice, se me cayó parte de la bolsa de harina de golpe y pensé que iba a malograr todo: enseguida tomé el batidor de alambre y me puse a revolver con desesperación para homogeneizar la masa. Se arregló sin delatar nada.

Hay que mezclar a fuego medio/bajo y con cuchara de madera durante 15 minutos.

Una vez retirado del fuego, agregamos la nuez moscada, las 3 cucharadas de queso rallado, pimienta y una vez que no esté que pele, tambièn sumamos las yemas integrando el todo. Estos 4 elementos son opcionales: hoy los hice sin ninguno de ellos y no por eso me quedaron menos delciosos.
Gnocchi alla Romana (1)Para ese entonces tenemos que tener la mesada impecablemente limpia y sobre ella esparceremos un poco de agua: allí volcaremos la masa con la ayuda de una espátula.

La espátula la iremos mojando (sirve para eso tener un bol con agua al costado) y con ella vamos a alisar la preparación hasta que nos quede pareja y de unos 2 cm de espesor.
La humedad de la mesada y de la espátula es clave para manejar esa cosa que fácilmente puede disuadirnos porque parece ingobernable.

Cuando la tenemos lisita, la podemos mirar un rato con autocomplacencia porque si llegamos hasta ahí es que estamos en buen punto.Gnocchi alla Romana (8)Tomamos un vasito o tacita o molde para cortar en discos. El implemento también debemos humedecerlo para facilitar el corte.

A medida que cortamos, vamos apoyando los discos sobre la mesada mojada.

¿Qué hacer con los recortes sobrantes?
Si son diestros, pueden volver a integrarlos y hacer nuevos discos. A mí no me sale, entonces hago lo siguiente:

Tomo una fuente para horno, en la base le pongo abundante manteca previamente derretida.
Sobre ella desgrano y disperso los restos de la masa.
Arriba del desgranado, mando una buena cantidad de queso rallado.
Encima de eso coloco los discos primorosamente.
Y rematando todo, otra buena cantidad de manteca derretida, queso rallado y un buen bautismo de pimienta negra.
Gnocchi alla Romana (6)Como tenía fontina, también lo rallé y se lo puse.

Llevar a fuego fuerte hasta que esté muy dorado y la manteca canturee alegremente: en ese momento los tenemos a punto.Gnocchi alla Romana (5)

Acá saqué del horno para control a los 20′, pero le faltaban unos 7′ más todavía.

Antes de servir, esperar algunos minutos a que la danza de la fuente se calme y se bajen los humos, aunque seguramente no van a poder esperar y van querer atacarla inmediatamente.

Variantes a partir de la receta base hay un montón:

  • Se puede hacer con casi cualquier queso y según el que seleccionemos el sabor va a cambiar: queso azul, pecorino, Mar del Plata, gruyère, fontina, 4 quesos, queso de cabra…
  • Si hay intolerancia a los lácteos, la manteca puede sustituirse con aceite, la leche con agua, y para saborizar se puede poner por encima unos champiñones rehogados en aceite y ajo, por ejemplo, o cebollas caramelizadas, o panceta o… sugieran ustedes. Te puede espolvorear con pan rallado.
  • A la boloñesa no los hice nunca, pero qué ricos deben quedar
  • Si quieren agregar una hierba, mi sugerencia es SALVIA; digan que no tenía.
  • Para quienes no pueden comer gluten, los discos se pueden hacer con harina de maíz: en ese caso usen una proporción 2  ó 2,5 a 1 para el preparado.

Hay que aprovechar antes de que suba la temperatura y se alarguen los días: el invierno fue hecho para delicias como éstas.