Liquirizia

Mi prima hermana Carina esperó demasiado para conocer la tierra natal de su padre, mi tío; no había forma de tentarla. Hace dos años quiso hacerlo y cuando lo quiso se volvió insistente, porque no quería ir sola, ni con su familia: quería ir conmigo.
Terminó partiendo a Roma un par de días antes que yo y me esperó. Para cuando llegué, ella era la anfitriona. Dos días en Roma y era como si hubiese estado toda la vida ahí, y creo que se preguntó “por qué esperé tanto para este viaje?”.

Teníamos que hacer tiempo en la Estación Termini; subimos al patio de comidas y me llamó la atención la forma en que había sido capturada por ese Síndrome del Morfi, patología benigna que temo todavía no esté estudiada por la ciencia y que afecta a tantos viajeros que llegan a Italia y alucinan con palpitaciones ante la bestial oferta gastronómica que se les aparece a cada paso. Fue un dilema, primero acotar en cuál de todos los puestos sentarnos y después qué elegir.

Una vez aplacadas, nos fuimos a nuestro andén, más encriptado que el 9 ¾ de Harry Potter, al fondísimo de Termini, pasando todos los demás y casi invisible. Tomamos nuestro trencito a Campobasso y tras 3 hs, recorrimos 20km en taxi hasta la casa familiar en el pueblo de nuestros ancestros.

Allí siguieron los días en los que mi prima terminó de enloquecer probando con avidez todo lo que se le ofrecía, que era demencial porque parientes y amigos nos invitaban a comer y a la vez era una procesión de manjares que iban trayendo a casa día a día para probar. Un infierno.
La veía cada día peor, más desenfrenada, más deseosa de probarlo todo.
“Cari, algo, alguna cosa que no te guste? O te guste poco?”
Nada, todo, absolutamente todo lo que manducaba se traslucía en el placer de su mirada voraz.

Con nuestro tío Peppiniello (90 años) nos fuimos un par de días a Sorrento, Positano y Napoli: más y nuevas cosas para probar en cada punto. El delirio.

Al final se me ocurrió convidarle un caramelo de liquirizia. Funcionó, su mirada fue de total decepción. Nena, por fin!!!

Liquirizia (Glycyrrhiza glabraL.), regaliz en español, es una leguminosa de la cual se consume su la raíz procesada en una pasta gomosa con aplicaciones en medicina y en la fabricación de golosinas. También se la conoce como “Orozuz”, denominación que me trae a la mente múltiples imágenes mágicas.

Se produce en muchos lugares, pero la de mejor calidad proviene de Calabria, donde incluso tiene su propio museo, el de la Casa Amarelli.

En Argentina no es fácil de conseguir, pero incluso sin haberla probado, para saber de qué lado de la grieta de la liquirizia está uno, el parámetro es el caramelo Media Hora.

El caramelo Media Hora no contiene regaliz, pero tiene notas en su anetol y melaza que pueden remitir a la liquirizia.

En Italia la liquirizia es un sabor tradicional con tantos usos en la industria de las golosinas y en confitería. Últimamente viene ingresando a otras áreas culinarias con sumo éxito: el liquore alla liquirizia se puso de moda en los últimos tiempos; es el cierre dulce, fresco y digestivo perfecto después de una comida en trattoria.

Clásica golosina de liquirizia rellena con porquerías

También hay mieles, quesos, ricotte, helados, panna cotta, sorbetes, tés, risotti, pastas cuyo leitmotiv es esta raíz de la polémica.

Acá, por ejemplo, una interesante combinación de zapallo y regaliz en un risotto que se ve espectacular.

La receta: https://ricetta.it/risotto-di-pura-zucca-e-liquirizia

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