Companatico (I)

Fiqur’e’fatt cad’m mmóch (higo maduro, cae en mi boca)Pane-al-farro-e-fichi-1-1024x704Foto: https://www.dueamicheincucina.it/2015/09/pane-di-farro-ai-fichi-e-rosmarino.html

Abrasaba el sol de agosto cuando la nonna calzó el canastón en el codo de zio Peppiniello y lo mandó raudo “nu Mont’’” a recolectar los higos antes de que se echasen a perder.

Ahí partió mi tío, entonces muchachito de no más de 13 años, por la campagna hacia el pañuelo de tierra familiar que inclinado en la loma de los Apeninos se asoma al Adriático y donde tenían sus olivos, higueras, cerezos y un rosal plantado por mi abuela junto al pozo de agua que aún hoy, salvaje, sigue floreciendo y perfumando cada mes de mayo.

Con el cesto repleto y el sol más alto, mi tío emprendió la vuelta, que ahora, encima, se le hacía cuesta arriba y sin reparo.

A medio camino y pensando que en la entrada al pueblo estarían apostados esperándolo a la sombra los ancianos y los vagos de siempre, tomó la precaución de reacomodar con cuidado el contenido preciado, poniendo por encima los higos machucados o menos apetitosos  custodiando al fondo los ejemplares más sanos.

Tal como temía, en cuanto él se hizo visible sobre el camino, desde el frescor del verde llegaban las voces: “Peppiniell’, si iut’e ficur’?”, algo así como “Josesito, fuiste a por higos?”. Su educación le impedía reaccionar a la sorna de esa pregunta retórica, pero su malhumor se hizo furia en cuanto se vio forzado a convidar y los caraduras hundieron la mano en la canasta revolviéndolo todo y extrayendo del fondo los higos más regordos y hermosos.

Tuvo que morder su bronca sin decir nada. (Me digo, qué inmensa habrá sido su ira que esto me lo contó hace poco, siendo casi nonagenario, cuando, bastón en mano, me acompañó hasta allá a buscar rosas. Y dudo que se lo haya comentado a nadie antes que a mí. Puedo imaginar el fuego que rayaba de sus ojos).

Llegó, Peppi, por fin, al reparo de las gruesas paredes de piedra de su casa y entregó a su mamá “la cosecha saqueada”, que no debió a fin de cuentas estar tan mermada como dice.

La nonna cortó entonces, la pagnotta, el enorme pan que distribuyó en hogazas; dispuso los higos en una fuente y toda la familia se reunió ahí nomás, todos a saborear el pan con su “companatico”.

(continúa en el próximo posteo)
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3 comentarios en “Companatico (I)

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