Pane e companatico, pasta e compastatico

formaggio-pane-vinoFoto: http://lifarnur.blogspot.com.ar/2016/05/pane-di-prato-vino-di-pomino-potta-di.html

Pane e companatico
Companatico (pron. companático) es una palabra casi extinguida del habla italiana.
O mejor dicho: pasó de moda el concepto que companatico implica, y por lo tanto la palabra cayó en desuso.

Me atrevo a decir que a partir del fin de la Segunda Gran Guerra el término italiano que destronó a companatico es uno que se hizo muy conocido en todo el mundo:  panino.

Supuse que companatico no tendría traducción al español, porque no había encontrado rastros, sin embargo Mario Aiscurri, una vez más oportuno socorro en estas pesquisas, me explicó que en español  sí existe y se dice COMPANGO y que tiene gran vigencia en España, pero esta parte –que me excede- queda para que se explayen su tinta y su pluma.

Companatico proviene del latín medieval: cum+ panis, “con pan” , y designaba a todo lo que se prestase a ser comido con pan, en un contexto en el que el pan era el pan el centro de ese universo y todo lo demás, que se comía junto con el pan, era su “con pan”, su companatico.

En la categoría companatico entraba desde lo más básico que podamos imaginar, como  quesos, ricotta, salames, chorizos, jamones y demás fiambres, pero también las frutas que se comían acompañadas con pan: higos, cerezas, uvas, granada…
Y lo mismo las frutas secas (que luego en muchos casos pasaron a formar parte del pan dulce), el aceite, el azúcar, las habas o arvejas frescas, otras hortalizas; el chocolate (cuando había), etc.

Casi todo se comía con pan y el pan lo acompañaba todo.
Era una relación de igual a igual.
Una hogaza de pan y otra cosa “junto con”.

Era una forma de comer totalmente informal, sin sentarse a la mesa, sin platos, ni cubiertos. Era  comida de campo, de pausa en medio de las tareas rurales.

No existía entonces el “sándwich”.
Los panes eran grandotes y redondos (pagnotte) y se fraccionaban, pero no se tomaban dos trozos para colocar en el medio la otra cosa.
Había, sí, para las celebraciones y por encargue especial unos pancitos que se hacían en las confiterías de ciudad para ser rellenados: i panini imbottiti, “los pancitos rellenos”, nombre que derivó luego en “panino” (sing.) / “panini” (pl.) y que tomó su lugar.

El companatico terminó así saliendo de escena, pero hizo mella quedando en el habla cotidiana de muchísimas lenguas vivas.

Algunos ya a esta altura habrán deducido de ahí mismo se desprenden las palabras compañía, compañero, acompañar, “cumpas”, etc. (y company, compagnie, compagnia, etc., etc.).

Pasta e compastatico
Y también se me ocurre que ese hábito ancestral de combinar hidratos con otros alimentos, bien diversos, se haya trasladado a las mil y una formas que se concibieron y conciben en Italia para condimentar las pastas. Las salsas vendrían a ser “compastatici”, aunque tal palabra no exista, y aunque con las pastas el fenómeno sea mucho más complejo (tanto por la infinidad de formas de las pastas como por la cantidad de ingredientes que puede llegar a llevar un aderezo), si analizamos,  muchas de esas salsas son bastante simples, con pocos elementos: pensemos en el pesto genovese, en cacio e pepe, aglio-olio-peperoncino,  pomodoro, carbonara, ca muddica… todos monumentos de lo simple! 

Como simple fue desde siempre tomar una hogaza de pan y a-com-pañ-arla con lo que había.

Fuentes:
http://dizionario.lua.it/2012/04/30/companatico-3/  <–  hermosa lectura!

https://it.wiktionary.org/wiki/companatico

http://www.treccani.it/vocabolario/companatico/

http://etimologias.dechile.net/?compango

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Companatico (I)

Fiqur’e’fatt cad’m mmóch (higo maduro, cae en mi boca)Pane-al-farro-e-fichi-1-1024x704Foto: https://www.dueamicheincucina.it/2015/09/pane-di-farro-ai-fichi-e-rosmarino.html

Abrasaba el sol de agosto cuando la nonna calzó el canastón en el codo de zio Peppiniello y lo mandó raudo “nu Mont’’” a recolectar los higos antes de que se echasen a perder.

Ahí partió mi tío, entonces muchachito de no más de 13 años, por la campagna hacia el pañuelo de tierra familiar que inclinado en la loma de los Apeninos se asoma al Adriático y donde tenían sus olivos, higueras, cerezos y un rosal plantado por mi abuela junto al pozo de agua que aún hoy, salvaje, sigue floreciendo y perfumando cada mes de mayo.

Con el cesto repleto y el sol más alto, mi tío emprendió la vuelta, que ahora, encima, se le hacía cuesta arriba y sin reparo.

A medio camino y pensando que en la entrada al pueblo estarían apostados esperándolo a la sombra los ancianos y los vagos de siempre, tomó la precaución de reacomodar con cuidado el contenido preciado, poniendo por encima los higos machucados o menos apetitosos  custodiando al fondo los ejemplares más sanos.

Tal como temía, en cuanto él se hizo visible sobre el camino, desde el frescor del verde llegaban las voces: “Peppiniell’, si iut’e ficur’?”, algo así como “Josesito, fuiste a por higos?”. Su educación le impedía reaccionar a la sorna de esa pregunta retórica, pero su malhumor se hizo furia en cuanto se vio forzado a convidar y los caraduras hundieron la mano en la canasta revolviéndolo todo y extrayendo del fondo los higos más regordos y hermosos.

Tuvo que morder su bronca sin decir nada. (Me digo, qué inmensa habrá sido su ira que esto me lo contó hace poco, siendo casi nonagenario, cuando, bastón en mano, me acompañó hasta allá a buscar rosas. Y dudo que se lo haya comentado a nadie antes que a mí. Puedo imaginar el fuego que rayaba de sus ojos).

Llegó, Peppi, por fin, al reparo de las gruesas paredes de piedra de su casa y entregó a su mamá “la cosecha saqueada”, que no debió a fin de cuentas estar tan mermada como dice.

La nonna cortó entonces, la pagnotta, el enorme pan que distribuyó en hogazas; dispuso los higos en una fuente y toda la familia se reunió ahí nomás, todos a saborear el pan con su “companatico”.

(continúa en el próximo posteo)
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