La buena higuera

La buena higuera (2)Hace poco más de 3 años, Gregorio, mi papá, estuvo muy grave; no creímos que pudiesese salvarse. Y fue justo en esos días tremendos que la vieja enorme higuera que había plantado su Zio Giovanni, el Árbol por antonomasia, que para mí siempre había estado en el jardín donde crecí, se cayó tras una lluvia torrencial.
Cuando desde la clínica llevé a mi mamá a su casa y vi el arbol derrumbado, me tomó una tristeza sin medida y lloré como loca por mi papá, por el árbol, y por los finales de ciclos de la vida.

Pasaron los días y, milagrosamente, mi papá salió de ese trance. No era la primera vez que renacía en sus vidas de gato, pero esta vez el riesgo había sido peor. Los médicos de la UCO que lo habían asistido en la emergencia no podían creer la evolución favorable, ya no de un gato, sino de un león, como ellos lo llamaron.

Papá volvió a su casa, se fue poniendo fuerte día tras día. Y la higuera, como sin tomar nota de que sus raíces habían quedado en gran parte expuestas, siguió su curso vital. Las hojas con el calor se pusieron vigorosas y los frutos incipientes fueron madurando como nunca, indiferentes al hecho de hallarse en un árbol horizontal.
La buena higuera (3)Una tarde, siendo ya pleno verano, llegué a la casa y lo encontré a mi papá en el jardín, feliz como un niño, recolectando los higos que el árbol abnegadamente le había alcanzado. No hizo falta escaleras (que mi papá, para qué aclararlo, no podía subir), ni redes, ni palos: sólo tomarlos.

Es como si la higuera, en un último caritativo gesto, se hubiese entregado arrodillándose para la dicha de mi papá. No sé si fue mera concomitancia, descreo cada vez más de las casualidades. Lloré de nuevo, de emoción, ante esa escena prodigiosa.

La buena higuera (1)Hoy, tres años después de su caída, la pobrecita sigue ofrendándonos sus frutos. Mi papá no puede ya llegar hasta ella, pero los sigue saboreando.

Ayer a la mañana les dije a mis padres : “voy a hacer pizza de higos”. Yendo para la cocina pude escuchar desde el pasillo a mi papá: “¿pizza de higos dijo???? A ésta se le ocurre cada cosa…”  “Pero no”, contestó mi mamá, “va a hacer un postre, una tarta dulce de higos”.

Mi papá había entendido bien, me refería a una pizza de levadura, con higos y jamón crudo, para comer antes de las otras pizzas que vendrían después: tomate mozzarella, cebolla…
Es que mi mamá siempre me cuenta que en Petrella se usaba comer “pane e fichi”, es decir pan e higos. ¿Por qué no entonces una pizza? ¿Y por qué no rematarla con jamón crudo, que es una combinación usada y deliciosa?
pizza de higos y jamon (7)Así que preparé masa con:

10 gr de levadura
1 kg de harina
2 cdas de aceite
1 cda de sal fina
Agua: cantidad que absorbe la harina.
(eso rinde de 4 a 5 pizzas)
pizza de higos y jamon (2)
Primero disolví la levadura en agua tibia y la puse en una cacerolita con un poco de agua para un levado previo. Dejé 15’ tapado y en lugar tibio, lejos de las corrientes de aire.

En ese lapso, me fui a juntar los higos.

Después amasé, dejé la masa por 2 horas levando.

Me fui a comprar jamón crudo y pedí que me lo corten bien finito.
pizza de higos y jamon (3)
Estiré la masa destinando un poco a esta variedad.

La hice alargada. Por encima coloqué los higos partidos al medio, enteros, con la cáscara.
pizza de higos y jamon (4)
Y así la horneé por 15’. El horno no estaba lo suficientemente caliente con lo cual se cocinó pero no se doró (dorada hubiese estado mejor).
pizza de higos y jamon (5)Una vez fuera del horno le puse por encima las lonjas transparentes de jamón crudo.
pizza de higos y jamon (6)
pizza de higos y jamon (1)La hubiese completado muy bien un aliño de maracuyá, miel, vinagre y aceite. La próxima va con ese agregado: prueben estos dos frutos juntos y van a ver qué bien se llevan, y con jamón crudo mejor.

Por supuesto que mi padre no quiso probarlo y prefirió comerse las pizzas tradicionales por un lado y los higos nature  por el otro.
¿ Y Ustedes cómo lo ven?

Me acordé de esta anécdota sobre higos, que viene al caso:
En Petrella, la familia de mi mamá tenía las higueras en el Monte, fuera del pueblo, barranca abajo. Zio Peppiniello me contaba que cuando era un muchachito, iba a recolectarlos con una canasta, al rayo de sol. Cuando volvía, cuesta arriba, en la entrada de Petrella y a la sombra estaban sentados los viejos y echados los vagos esperando a quienes volvían del campo para garronear algo. Mi tío se cuidaba muy bien de poner en el fondo de la canasta los higos mas grandes y dejar en la parte de arriba los machacados y chicos, botín de los mangueros, pero a pesar de eso, recuerda que había un mujer vieja y caradura quien metía la mano sin pudor en el fondo para llevarse los higos más lindos. Una bronca que le quedó marcada incluso hoy, tantos años más tarde que cuando vuelve subiendo la cuesta desde el Monte ya uno no se cruza con nadie.

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2 comentarios en “La buena higuera

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